domingo, 27 de noviembre de 2016
Un
híbrido mutante
«o entrar a una pissotière de la rue de Médici y ver a un
hombre
que orinaba aplicadamente hasta el momento en que, apartándose
de su
comportamiento , giraba hacia mí y me mostraba, sosteniéndolo
en la
palma de la mano como un objeto litúrgico y precioso, un
miembro
de dimensiones y colores increíbles, y en el mismo instante
darme cuenta
de que ese hombre era exactamente igual a otro (aunque no
era el otro)
que veinticuatro horas antes, en la Salle de Géographie, había disertado
sobre tótems y tabúes, y había mostrado al público, sosteniéndolos
preciosamente en la palma de la mano, bastoncillos de marfil,
plumas de
pájaro lira, monedas rituales, fósiles mágicos, pescados
secos, fotografías de
concubinas reales , ofrendas de cazadores, enormes
escarabajos embalsamados
que hacían temblar de asustada delicia a las infaltables
señoras.»
Rayuela,
Julio Cortázar
Todo empezó con una frase y un color… a esa hora el asombro hacía lo suyo. Después
de una ardua jornada de clase, leo en la débil pantalla de un pc esto: «…tildamos algo femenino o masculino, por
ejemplo, atribuirle a un color un sexo, es una cuestión que siempre ha rondado
en mi cabeza, toda la vida estuve rodeada de cosas rosadas, me crie en un
entorno donde la mujer no puede hacer nada, pues porque así criaron a mi madre,
fue solo en mi mayoría de edad (recalcando que soy muy chica aun, ósea que no he
tenido muchas experiencias) logre hacer cosas como trabajar, aprender a
conducir, y porque no resaltar que a mi abuela casi le da un soponcio, cuando
se entero que la “niña" hacia cosas de "hombres"… las
instituciones siempre han querido transformarnos, haciéndonos más mujeres y más
hombres.»[1]
Y más tarde esto:
« El colegió
siempre ha sido una tortura y algo muy odiado por mí; algo que siempre he
temido. A la misma vez, era algo claramente importante para mí, y mi vida daba
vueltas alrededor de él; me esforzaba en verme bien y en ser amiga de la gente “popular”.
En un colegio muy dividido y en el que las niñas son opacadas por las mas
lindas que automáticamente ya tienen entrada al círculo social, la admiración
hacia tal grupo es grande y la presión es mucha para ser una parte de él
también. ¿Quién no quiere ser parte de los que parecen tener superioridad y son
respetados, a veces temidos por todo el colegio? » (Puzlo, 2016)
Dos historias en las que mi género no me
permite habitar, no obstante, desde las
orillas, pude entrever que en los dos casos hay una exterioridad coercitiva,
o parafraseando a Durkheim (1988): modos de actuar, de sentir y de pensar, que
se imponen a la mujer en forma coactiva,
siendo exteriores a ella misma. He aquí la construcción de la mujer —ajena a sí
misma— que culmina en lo que Haraway (1984) definiría como la mujer Ciborg[2]; es
decir, un hibrido mitad ficción, mitad realidad; o, mejor dicho, un híbrido en
donde la ficción crea la realidad y esa realidad
creada es un «prototipo» útil al
mercado, en cuanto a lo económico; a la aceptación, en cuanto lo social. Si
hablamos de cuerpo, entonces el ciborg coincide con el hiper-cuerpo, aquel
cuerpo través de silicona y procesos médicos que escapa al tiempo y a la
naturaleza adhiriéndose al prototipo.
Pero veamos otro ejemplo, el caso de Lady
Tatiana Urrego es interesante. Ella, más conocida como «Samy» cuando ejerce
como modelo Webcam, manifiesta: «Es un poco difícil enfrentarse a los tabúes
que tiene la sociedad, ehh… Que dicen ¿dónde están tus valores? Ehh… ¡Bueno! Tú
dices: ¿perdón? Yo aún sigo siendo honesta, sigo siendo una persona responsable
con mucho amor en mi corazón, mis valores no han cambiado en lo absoluto» (Fajardo,
2016)
No es preciso criticar los valores y la integridad, ni mucho menos el trabajo innovador
que ella ejerce ¡No! Pues no soy un puritano, ni mucho menos. Nuestro punto de
mira en el análisis no se centra en ella, sino en él: mi preocupación está en
la subjetividad de sus posibles consumidores; en ellos, que desde en afiche en
un taller de motos o la agobiante publicidad sexista de la cerveza (pasando,
obviamente, por las pinturas, las llantas, los repuestos de carro, et cétera).
Todos estos hombres-consumidores tiene una idea mujer-objeto que determina su
idea de vivir la sexualidad, he ahí
nuestro problema. Otras culturas a la hora de hacer el amor se acarician por
todo el cuerpo; nosotros, al contrario, nos concentramos —tristemente— en los
genitales y no salimos de ahí. En parte porque vivimos bombardeados de
genitales, genitales por aquí, genitales por allá, genitales para comprar una cerveza,
genitales al abrir un video de youtube; la imagen-cyborg –solo imagen– en su
perfecta calidad de fría caratula, no hay tacto, no hay olor, no hay humanidad….
Para terminar, está el no menos odioso
punto la belleza física como imperativo social y como forma aceptación:
« Aquí donde me ven soy una treintañera
vital. Entusiasta, divertida, fuerte,
independiente; me va bastante bien en mi trabajo, tengo un puesto de cierta
responsabilidad en una multinacional tecnológica y creo que desempeño bien mis
funciones. Me gusta cuidarme, divertirme, practicar deportes, disfrutar de mis
amigos, y luego, físicamente ¡no estoy nada mal! ¿No creen? Haber, yo sé que no
soy Claudia Schiffer, pero soy mona,
resultona y tengo mis fans. Según un test de la prestigiosa revista
cosmopólitans, soy una mujer actual. Segura de sí misma. Pero no os creáis nada
—yo soy un fraude— puedo hablar puedo
dar el pego inicialmente, pero no lo consigo; mira que me esfuerzo, mira que lo
intento… pero lo único que logro es frustrarme: la mujer actual es un híbrido
entre un hombre y una mujer, pero no os vale cualquier espécimen de cada
especie. No. El hombre ha de ser un capullo de profesión ejecutivo-agresivo, ambicioso
y déspota; y la mujer tiene que ser un florero preocupada, única y
exclusivamente, por embellecer y conservar su fantástico cuerpo, con un marcado instinto protector y maternal.
Con estos dos individuos se hace un cóctel de laboratorio y sale “la
mujer actual”. Pero para estar estupenda y maravillosa siempre y a todas
horas, tienes que tener tiempo y dinero,
mucho dinero. No es que se crean eso que dicen las modelos en la tele cuando les
preguntan por sus secretos de belleza: ¡Qué no hacen nada! ¡Qué sólo se toman
dos litros de agua el día! ¡Ja! Eso es mentira. La piel no se vuelve más
luminosa, los pelos no sólo crecen en la cabeza, el trasero no se vuelve duro
como una piedra, la celulitis no desaparece, las ojeras no se van… Para eso, te
lo tienes que labrar y mucho ¿y qué es lo que necesitas? Tiempo y dinero,
tiempo para poder dormir bien mínimo ocho horas, ir al gimnasio, ir al yoga, ir
al spa, ir a los masajes, ir al esteticista, las limpiezas faciales, y la
depilación láser por su puesto. Y dinero para poder pagar todo eso, además de
los potingues y el elixir de la eterna juventud. ¡Pero claro! Todo eso lo
tienes que hacer en el tiempo libre que te deja tu estupendo trabajo, Ése que
te hace levantarte a las cinco y media de la mañana, para ducharte, bañarte,
ponerse el traje de las reuniones difíciles, subirte a los tacones y salir
corriendo para coger el primer puente aéreo. ¿Ésa mujer existe? Yo no conozco a
ninguna, solo aspirantes: mujeres inteligentes, independientes, realizadas,
liberadas y muy frustradas; con enormes sentimientos de culpabilidad porque no
llegan a todo. Yo, ya no quiero seguir así. Así que me convierto en mujer
florero o en una arpía ambiciosa, pero yo, ya no aspiro a ser más un híbrido
mutante».
Referencias Bibliográficas:
Durkheim, É. (1988). Las
reglas del método sociológico y otros escritos sobre filosofía de las
ciencias sociales. Madrid: Alianza Editorial.
Fajardo, D. (20 de Noviembre de 2016). Noticias RCN.
Recuperado el 27 de Noviembre de 2016, de Las Dos caras de la WebCam:
http://www.noticiasrcn.com/videos/las-dos-caras-las-webcam
Haraway, D. (1984). Manifiesto Ciborg, el sueño irónico
de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado. Barcelona:
Gedisa.
Puzlo. (14 de Septiembre de 2016). Vibra. Recuperado
el 27 de Noviembre de 2016, de Relatos eróticos de una adolescente bogotána:
http://www.vibra.fm/vibra-fm/noticias/relatos-eroticos-que-uno-encuentra-en-whatsapp.html
sábado, 29 de octubre de 2016
Ética
y Política
La
relación entre ética y política en
la democracia moderna
no deja de ser tensa y peligrosa, ya que esta última introduce un
fuerte relativismo moral que,
si bien permite la coexistencia en un plano de igualdad de
las distintas concepciones propias de toda sociedad compleja,
no puede ser sostenido en el campo de la política. Es aquí cuando
el poder,
al penetrar la dimensión ética, introduce en ella la más grande
distorsión, ya que el discurso de
la ética se convierte en una mera forma de justificación del poder.
Esto es lo que hace que la constante tensión entre ética y política
nunca tenga un modo único o, incluso, satisfactorio de resolución.
Sólo la implementación de una lógica argumentativa
que parta del reconocimiento de la precariedad y ambivalencia que se
entabla en la relación entre ética y política puede servir de
resguardo ante aquellas distorsiones que, en nombre de la primera,
planteen el riesgo de
cercenar desde el poder del estado los
espacios de libertad.
La
relación entre ética y política es estrecha, es desde el origen,
porque las dos competen a la acción humana, y no hay ninguna acción
humana que pueda prescindir de criterios éticos, la ética no va
estar a nivel de dar medidas políticas, no es su rol, pero sí de
orientar y discernir lo que es humanizante y deshumanizante en la
política y proponer mejores formas de vivir en sociedad.
La
ética, enriquece la política puesto que la alimenta de utopía y
también de sentido crítico, finalmente le da mucha mayor
legitimidad que si no estuviera. Porque con tanta corrupción en
la política la gente pierde la fe, la confianza en los políticos, y
eso es muy dañino para la sociedad y finalmente se crea un
ambiente en
el que todo vale, y en el que uno se mete en política para ganar
algo personal y
no
necesariamente para trabajar por el bien común, y eso a la larga es
un daño enorme
a la sociedad, es lo que estamos viviendo ahora en el país.
Felizmente se empieza a revertir esto porque creo que ahora hay una
reacción moral y eso me parece que es muy positivo, hay un comienzo
de rechazo a la corrupción que espero que se traduzca en que no haya
votación para los corruptos o sea no votemos por corruptos, es lo
mínimo que podemos pedir.
miércoles, 26 de octubre de 2016
Del
objeto al sujeto, el problema ético
“Las
cárceles, los hospitales y las escuelas presentan
similitudes
porque sirven para la intención primera
de
la civilización: la coacción”
Michel
Foucault
Aunque
éste parece ser el titulo de un trabajo epistemológico, no es así.
La lectura pretende reflexionar acerca de cómo somos tratados los
estudiantes y, en particular, como se pretende que interioricemos
(naturalizar) ciertas reglas de «comportamiento» (reglas morales)
dentro del aula. Analizaremos, en especial, una de estas normas: el
uso de un determinado largo en la falda de las estudiantes.
Ya
en la época de la posguerra Simone de Beauvoir (1949: 109) había
dejado en claro que «no se nace mujer: se llega a serlo. Ningún
destino biológico, psíquico o económico define la figura que
reviste en el seno de la sociedad la hembra humana; es el conjunto de
la civilización el que elabora ese producto intermedio entre el
macho y el castrado al que se califica de femenino» pero, ¿Qué
tipo de mujeres están «formando» estas instituciones educativas?
El reconocimiento de la historicidad de los constructos sociales
permite distinguir lo que se pone en juego en este caso.
En
efecto, la sexualidad, como cualquier otro proceso que pliega la
materialidad de procesos sociales en modos de conciencia (según la
definición de ideología con que opera Althusser), puede entenderse
como la producción de modos de subjetivación por los que se crean
sujetos a partir de proceso de control u orientación social. En tal
sentido, se entiende el paso del encabezado de este trabajo: el paso
de la objetivación como mecanismo de control social a la
subjetivación como plano de orientación de conductas, pero en esa
misma medida como plano de potencial resistencia o emancipación.
Las
líneas que entonces se van diferenciando al plantear el problema de
el control de las medidas en las faldas de las
estudiantes son, por un lado, la de la historicidad a que está
sujeta la conducta sexual; por otro, la de una práctica de
sexualidad propia de la cultura occidental y, en último término, la
imposición globalizadora de esta construcción histórica sobre
ámbitos culturales “locales”.
En
la vertiente propuesta por Foucault sobre la producción de la
sexualidad en occidente resulta claro que la formación histórica de
una práctica en torno a un concepto abstracto de sexo termina
empleándose como un foco en torno al cual la sexualidad deviene
material de control político (a nivel micro y macro: poder
disciplinar y biopolítico).
La
diferenciación de poderes que operan no por imposición sino por
interiorización que dan paso a formas de sujeto, abre
metodológicamente un espacio analítico (y práctico) para
comprender procesos socio-históricos que están detrás de una
medida tan corriente como el control de vestimenta con “connotación
sexual”. Habría que decir, en el caso de la medida de las faldas,
se esconde una práctica que erige la sexualidad como foco de
atención; es decir, como eje de referencia a la hora de pensar lo
que soy. Así, la sexualidad se convierte en un campo privilegiado
para producir relaciones de identidad. Una vez establecida la
sexualidad como punto central en la discución, el que se reprima o
se promueva no comporta mayor problema, sino
el que se imponga como foco para definirse como sujeto.
Una vez asumida esa claridad metodológica, se puede entender que el
problema no estriba en que una falda sea corta o larga, sino en la
imposibilidad, por parte del sujeto (ella o él) para elegir como vestirse y como mostrarse al mundo.
martes, 25 de octubre de 2016
¿Humanos?
«La esencia de la razón no consiste en asegurar al hombre
un fundamento y poderes, sino en cuestionarlo y en
invitarlo a la justicia»
Emmanuel Levinas
Emmanuel Levinas
Hablamos
de ética, hablamos de comportamientos humanos, hablamos de «el buen
comportamiento» o «la acción correcta», por lo tanto, hablamos de
sociedad. ¿Qué guía los comportamientos humanos? El hombre,
complejo y caótico, encuentra para sí leyes que, si bien no están
en el papel, hacen parte de la sociedad en general y todos las
obedecen. ¿Son acaso leyes morales? ¿Quién las instauró? Según
la historia lo primero que se escribió fueron leyes, hablo del
código Hammurabi en la antigua babilonia; pero, para que esas leyes
sean escritas —y por lo tanto legales— tuvo que existir un modelo
ético que las antecedió, hubo una forma cuando el mundo parió
civilización, que dictaminó un pacto entre las gentes para
establecer su conducta (entre las personas, entre sus gobernantes y
entre diferentes pueblos)... En este ensayo dejamos atrás la ley
escrita, nos preguntamos por lo intangible de ella: la moral que la
sustenta.
Así,
siguiendo a Cortina (1997: 41) encontramos que «las palabras “ética”
y “moral” en sus respectivos orígenes […] significan
prácticamente lo mismo: carácter, costumbres. Por eso está
sobradamente justificado que la gente normal y corriente las utilice
como sinónimos. Ambas expresiones se refieren, a fin de cuentas, a
un tipo de saber que nos orienta para forjarnos un buen carácter,
que nos permita enfrentar la vida con altura humana (la
cursiva es mía)». No obstante, ya en el nivel académico, existe
una distinción crucial entre ética y moral en cuanto a tipos de
saber, uno de ellos «forma parte de la vida cotidiana y ha estado
presente en todas las personas y en todas las sociedades (la moral),
y el otro reflexiona sobre el [primero] filosóficamente y, por lo
tanto, nació al tiempo que la filosofía (la ética o filosofía
moral)» (Cortina, 1997: 42). Pero en Colombia surge un conflicto
entre moral y ética, debido a que la moral es producto de la Iglesia
católica y ésta, a su vez, es producto del colonialismo español en Latinoamérica, colonialismo altamente extractivista y esclavista
como es bien sabido.
En
Colombia la religión es y ha sido una de las instituciones de mayor
trascendencia a la hora de fijar pautas morales. Pautas, que para su
época, ocuparon un papel primordial en la organización social y la
estructura económica, veamos el ejemplo antioqueño:
«Los
migrantes antioqueños provenían de grupos que, a contrapelo del
ethos aristocrático prevaleciente en la colonia, no vivían
parasitariamente del trabajo indígena o negro sino que valoraban el
esfuerzo personal. Además, la estricta moral católica (la
cursiva es mía) operaba en ellos castigando el derroche y premiando
el orden, la responsabilidad y el ahorro.» (Castro-Gómez, 2008: 16)
Pero
estas pautas, al fin y al cabo, son utilitarias. La «estricta moral
católica», base de nuestros hogares y nuestra formación familiar,
no es una ética por y para la humanidad. Si entendemos que el ser
humano es un fin en sí mismo y no un mero instrumento, y que, por
tanto, no es bueno todo aquello que nos es útil... el prisma con que
hemos sido «educados» cambia. Eso quiere decir que tanto el
habitante de calle como el banquero son dignos, aunque el segundo sea
más «útil» al capital y el primero sea víctima del mismo. Pero
en la vida cotidiana, ésa que desanda las calles blancas de esta
ciudad, la moral no funciona así; basta con mirar ¡con qué agrado! y
reverencia tratan a quien luce corbata y el desprecio al mal
vestido, aunque, ambos son dignos por ser humanos y racionales. Pero
Kant nos puede aclarar esto mucho mejor:
«En
el reino de los fines todo tiene o un precio o una dignidad. Aquello
que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente, en
cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto, no
admite nada equivalente, eso tiene una dignidad.
Lo
que se refiere a las inclinaciones y necesidades del hombre tiene un
precio comercial, lo que, sin suponer una necesidad, se conforma a
cierto gusto, es decir, a una satisfacción producida por el simple
juego, sin fin alguno, de nuestras facultades, tiene un precio de
afecto; pero aquello que constituye la condición para que algo sea
fin en sí mismo, eso no tiene meramente valor relativo o precio,
sino un valor interno, esto es dignidad. La moralidad es la condición
bajo la cual un ser racional puede ser fin e sí mismo»(Kant, 1986).
La
pregunta es: ¿Cómo vamos a sacar de la mente de nuestros padres esa
moral tan familiar a la violencia y al castigo, y en su lugar poner
una ética humana que invite a salir a la calle y comprometerse?
Porque aquella moral —de cuño católico— sí que ha servido para
crear novelas, enarbolar banderas y reprimir sexualidades; pero no
para comprender la diversidad y complejidad humanas. Se necesitarán
nuevos hombres, dirá Nietzsche, que no les de miedo manifestar: «No
puedo ser feliz si el otro es infeliz».
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
— Castro-Gómez, Santiago. 2008. Genealogías de la colombianidad. Bogotá D.C.: Universidad Javeriana, 2008.
— Cortina, Adela. 1998. El mundo de los valores. «Ética mínima» y educación.Madrid: El Búho, 1998.
— Kant, Immanuel. 1986. Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (Fundamentación de la metafísica de las costumbres). Riga: Taschenbuch, 1986.
1Euler
Ricardo Arévalo Villarreal, estudiante, Departamento de Ciencia
Política, Universidad del Cauca.
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