Un
híbrido mutante
«o entrar a una pissotière de la rue de Médici y ver a un
hombre
que orinaba aplicadamente hasta el momento en que, apartándose
de su
comportamiento , giraba hacia mí y me mostraba, sosteniéndolo
en la
palma de la mano como un objeto litúrgico y precioso, un
miembro
de dimensiones y colores increíbles, y en el mismo instante
darme cuenta
de que ese hombre era exactamente igual a otro (aunque no
era el otro)
que veinticuatro horas antes, en la Salle de Géographie, había disertado
sobre tótems y tabúes, y había mostrado al público, sosteniéndolos
preciosamente en la palma de la mano, bastoncillos de marfil,
plumas de
pájaro lira, monedas rituales, fósiles mágicos, pescados
secos, fotografías de
concubinas reales , ofrendas de cazadores, enormes
escarabajos embalsamados
que hacían temblar de asustada delicia a las infaltables
señoras.»
Rayuela,
Julio Cortázar
Todo empezó con una frase y un color… a esa hora el asombro hacía lo suyo. Después
de una ardua jornada de clase, leo en la débil pantalla de un pc esto: «…tildamos algo femenino o masculino, por
ejemplo, atribuirle a un color un sexo, es una cuestión que siempre ha rondado
en mi cabeza, toda la vida estuve rodeada de cosas rosadas, me crie en un
entorno donde la mujer no puede hacer nada, pues porque así criaron a mi madre,
fue solo en mi mayoría de edad (recalcando que soy muy chica aun, ósea que no he
tenido muchas experiencias) logre hacer cosas como trabajar, aprender a
conducir, y porque no resaltar que a mi abuela casi le da un soponcio, cuando
se entero que la “niña" hacia cosas de "hombres"… las
instituciones siempre han querido transformarnos, haciéndonos más mujeres y más
hombres.»[1]
Y más tarde esto:
« El colegió
siempre ha sido una tortura y algo muy odiado por mí; algo que siempre he
temido. A la misma vez, era algo claramente importante para mí, y mi vida daba
vueltas alrededor de él; me esforzaba en verme bien y en ser amiga de la gente “popular”.
En un colegio muy dividido y en el que las niñas son opacadas por las mas
lindas que automáticamente ya tienen entrada al círculo social, la admiración
hacia tal grupo es grande y la presión es mucha para ser una parte de él
también. ¿Quién no quiere ser parte de los que parecen tener superioridad y son
respetados, a veces temidos por todo el colegio? » (Puzlo, 2016)
Dos historias en las que mi género no me
permite habitar, no obstante, desde las
orillas, pude entrever que en los dos casos hay una exterioridad coercitiva,
o parafraseando a Durkheim (1988): modos de actuar, de sentir y de pensar, que
se imponen a la mujer en forma coactiva,
siendo exteriores a ella misma. He aquí la construcción de la mujer —ajena a sí
misma— que culmina en lo que Haraway (1984) definiría como la mujer Ciborg[2]; es
decir, un hibrido mitad ficción, mitad realidad; o, mejor dicho, un híbrido en
donde la ficción crea la realidad y esa realidad
creada es un «prototipo» útil al
mercado, en cuanto a lo económico; a la aceptación, en cuanto lo social. Si
hablamos de cuerpo, entonces el ciborg coincide con el hiper-cuerpo, aquel
cuerpo través de silicona y procesos médicos que escapa al tiempo y a la
naturaleza adhiriéndose al prototipo.
Pero veamos otro ejemplo, el caso de Lady
Tatiana Urrego es interesante. Ella, más conocida como «Samy» cuando ejerce
como modelo Webcam, manifiesta: «Es un poco difícil enfrentarse a los tabúes
que tiene la sociedad, ehh… Que dicen ¿dónde están tus valores? Ehh… ¡Bueno! Tú
dices: ¿perdón? Yo aún sigo siendo honesta, sigo siendo una persona responsable
con mucho amor en mi corazón, mis valores no han cambiado en lo absoluto» (Fajardo,
2016)
No es preciso criticar los valores y la integridad, ni mucho menos el trabajo innovador
que ella ejerce ¡No! Pues no soy un puritano, ni mucho menos. Nuestro punto de
mira en el análisis no se centra en ella, sino en él: mi preocupación está en
la subjetividad de sus posibles consumidores; en ellos, que desde en afiche en
un taller de motos o la agobiante publicidad sexista de la cerveza (pasando,
obviamente, por las pinturas, las llantas, los repuestos de carro, et cétera).
Todos estos hombres-consumidores tiene una idea mujer-objeto que determina su
idea de vivir la sexualidad, he ahí
nuestro problema. Otras culturas a la hora de hacer el amor se acarician por
todo el cuerpo; nosotros, al contrario, nos concentramos —tristemente— en los
genitales y no salimos de ahí. En parte porque vivimos bombardeados de
genitales, genitales por aquí, genitales por allá, genitales para comprar una cerveza,
genitales al abrir un video de youtube; la imagen-cyborg –solo imagen– en su
perfecta calidad de fría caratula, no hay tacto, no hay olor, no hay humanidad….
Para terminar, está el no menos odioso
punto la belleza física como imperativo social y como forma aceptación:
« Aquí donde me ven soy una treintañera
vital. Entusiasta, divertida, fuerte,
independiente; me va bastante bien en mi trabajo, tengo un puesto de cierta
responsabilidad en una multinacional tecnológica y creo que desempeño bien mis
funciones. Me gusta cuidarme, divertirme, practicar deportes, disfrutar de mis
amigos, y luego, físicamente ¡no estoy nada mal! ¿No creen? Haber, yo sé que no
soy Claudia Schiffer, pero soy mona,
resultona y tengo mis fans. Según un test de la prestigiosa revista
cosmopólitans, soy una mujer actual. Segura de sí misma. Pero no os creáis nada
—yo soy un fraude— puedo hablar puedo
dar el pego inicialmente, pero no lo consigo; mira que me esfuerzo, mira que lo
intento… pero lo único que logro es frustrarme: la mujer actual es un híbrido
entre un hombre y una mujer, pero no os vale cualquier espécimen de cada
especie. No. El hombre ha de ser un capullo de profesión ejecutivo-agresivo, ambicioso
y déspota; y la mujer tiene que ser un florero preocupada, única y
exclusivamente, por embellecer y conservar su fantástico cuerpo, con un marcado instinto protector y maternal.
Con estos dos individuos se hace un cóctel de laboratorio y sale “la
mujer actual”. Pero para estar estupenda y maravillosa siempre y a todas
horas, tienes que tener tiempo y dinero,
mucho dinero. No es que se crean eso que dicen las modelos en la tele cuando les
preguntan por sus secretos de belleza: ¡Qué no hacen nada! ¡Qué sólo se toman
dos litros de agua el día! ¡Ja! Eso es mentira. La piel no se vuelve más
luminosa, los pelos no sólo crecen en la cabeza, el trasero no se vuelve duro
como una piedra, la celulitis no desaparece, las ojeras no se van… Para eso, te
lo tienes que labrar y mucho ¿y qué es lo que necesitas? Tiempo y dinero,
tiempo para poder dormir bien mínimo ocho horas, ir al gimnasio, ir al yoga, ir
al spa, ir a los masajes, ir al esteticista, las limpiezas faciales, y la
depilación láser por su puesto. Y dinero para poder pagar todo eso, además de
los potingues y el elixir de la eterna juventud. ¡Pero claro! Todo eso lo
tienes que hacer en el tiempo libre que te deja tu estupendo trabajo, Ése que
te hace levantarte a las cinco y media de la mañana, para ducharte, bañarte,
ponerse el traje de las reuniones difíciles, subirte a los tacones y salir
corriendo para coger el primer puente aéreo. ¿Ésa mujer existe? Yo no conozco a
ninguna, solo aspirantes: mujeres inteligentes, independientes, realizadas,
liberadas y muy frustradas; con enormes sentimientos de culpabilidad porque no
llegan a todo. Yo, ya no quiero seguir así. Así que me convierto en mujer
florero o en una arpía ambiciosa, pero yo, ya no aspiro a ser más un híbrido
mutante».
Referencias Bibliográficas:
Durkheim, É. (1988). Las
reglas del método sociológico y otros escritos sobre filosofía de las
ciencias sociales. Madrid: Alianza Editorial.
Fajardo, D. (20 de Noviembre de 2016). Noticias RCN.
Recuperado el 27 de Noviembre de 2016, de Las Dos caras de la WebCam:
http://www.noticiasrcn.com/videos/las-dos-caras-las-webcam
Haraway, D. (1984). Manifiesto Ciborg, el sueño irónico
de un lenguaje común para las mujeres en el circuito integrado. Barcelona:
Gedisa.
Puzlo. (14 de Septiembre de 2016). Vibra. Recuperado
el 27 de Noviembre de 2016, de Relatos eróticos de una adolescente bogotána:
http://www.vibra.fm/vibra-fm/noticias/relatos-eroticos-que-uno-encuentra-en-whatsapp.html
